Buenas

Hola.

Si has llegado a este blog es que te has equivocado. Si no es el caso, bienvenido :)

En el caso que quieras ver algo de lo que se cuece por aquí, adelante. En la columna de la derecha tienes las categorías en las que he escrito, una nube de tags y hasta un espacio para buscar a ver si tengo lo que necesitas.

Espero que al menos, te haga pasar el rato.

¡Nos vemos!

Ui-ui-uuuuuuuuu, niau niau niaaaaau… ¡Payun Payun!

Ayer vi la película “El bueno, el feo y el malo” (‘Il buono, il brutto, il cattivo‘) y debo decir que me encantó.

Además de ver al bueno de Clint Eastwood en su máximo esplendor, guapísimo, increíble, carismático y de nuevo, guapísimo (pese a las ampollas que le salen en la cara debido al calor). 

Siendo un western, un spaguetti western, pensé que no me iba a gustar, ya que en mi vida sólo he visto uno, One Eyed Jacks, y porque estaba protagonizada por Marlon, mi amado Marlon Brando. En fin, que no me esperaba gran cosa, que las críticas la ponían como una de las mejores películas de la historia, que bla bla bla. 

PUES TENÍAN RAZÓN. Es una de las mejores películas que he visto. Lo malo es que ponerla un jueves a las 20:30h pues no es plan, la verdad. Acabó a las 23:30 (versión extendida) y ¡hay que ir a trabajar al día siguiente! Pero vamos, ¿que si me la compro? ¡Por supuestísimo! Es grandiosa. Y un gran homenaje a Eli Wallach, que falleció el mes pasado. 

Mi nota: como el vino Sangue di Giuda, casi perfecto. 

No es tan malo…

Vuelvo a los temas de perder a la gente, porque precisamente ayer fue mi cumpleaños, y, como a todos nos pasa, no he recibido felicitaciones de algunas personas que me habría gustado. Y también he de decir, que he recibido felicitaciones de personas que sé que no tenían ganas de felicitarme. Los dos casos no me gustaría haberlos tenido que pasar nunca, pero en fin, no es tan malo como parece.

El primer caso, el de las personas que no te felicitan, es algo habitual. Pero no me refiero al típico amigo que se olvida y te felicita un mes más tarde, sino al que, específicamente, no te felicita porque no le da la gana. Y en este caso, lo agradezco, porque es tan sumamente difícil recordar un día, un sólo día al año, de una persona que -supuestamente- te importa, que es muy esclarecedor. Hablo de una buena amiga, de la que yo me olvidé de su cumple, porqué no decirlo, y, tras una muy mala racha por mi parte, cuando quise volver a las andadas, ella me salió por peteneras con una actitud infantil y autoritaria, a lo cual respondí con un “adios muy buenas” esperando su comprensión, como amiga que la consideraba. Bien, pues no la recibí. En su lugar, recibí un “que te den” bastante sonado. No me preocupó, la felicité en su cumpleaños, y me esperaba una felicitación por su parte. NI la he recibido ni la voy a recibir el mes que viene, así que debería darle las gracias por dejar de tontear con el tema y darme con la puerta en las narices de una vez. Duele, pero es necesario, qué quereis que os diga.

Con respecto al segundo caso, hipocresía pura. Por quedar bien cuando te han puesto a parir. “Ole tú”. 

Pues eso, que hay cosas que duelen, pero son totalmente necesarias. No hay que tomárselas mal ni sufrir por ello, sino aprender de dichas experiencias. 

Y un aporte personal: tampoco merece la pena aprender de dichas experiencias solo, pero sí con la menor carga de hipocresía posible.