Buenas

Hola.

Si has llegado a este blog es que te has equivocado. Si no es el caso, bienvenido :)

En el caso que quieras ver algo de lo que se cuece por aquí, adelante. En la columna de la derecha tienes las categorías en las que he escrito, una nube de tags y hasta un espacio para buscar a ver si tengo lo que necesitas.

Espero que al menos, te haga pasar el rato.

¡Nos vemos!

No es tan malo…

Vuelvo a los temas de perder a la gente, porque precisamente ayer fue mi cumpleaños, y, como a todos nos pasa, no he recibido felicitaciones de algunas personas que me habría gustado. Y también he de decir, que he recibido felicitaciones de personas que sé que no tenían ganas de felicitarme. Los dos casos no me gustaría haberlos tenido que pasar nunca, pero en fin, no es tan malo como parece.

El primer caso, el de las personas que no te felicitan, es algo habitual. Pero no me refiero al típico amigo que se olvida y te felicita un mes más tarde, sino al que, específicamente, no te felicita porque no le da la gana. Y en este caso, lo agradezco, porque es tan sumamente difícil recordar un día, un sólo día al año, de una persona que -supuestamente- te importa, que es muy esclarecedor. Hablo de una buena amiga, de la que yo me olvidé de su cumple, porqué no decirlo, y, tras una muy mala racha por mi parte, cuando quise volver a las andadas, ella me salió por peteneras con una actitud infantil y autoritaria, a lo cual respondí con un “adios muy buenas” esperando su comprensión, como amiga que la consideraba. Bien, pues no la recibí. En su lugar, recibí un “que te den” bastante sonado. No me preocupó, la felicité en su cumpleaños, y me esperaba una felicitación por su parte. NI la he recibido ni la voy a recibir el mes que viene, así que debería darle las gracias por dejar de tontear con el tema y darme con la puerta en las narices de una vez. Duele, pero es necesario, qué quereis que os diga.

Con respecto al segundo caso, hipocresía pura. Por quedar bien cuando te han puesto a parir. “Ole tú”. 

Pues eso, que hay cosas que duelen, pero son totalmente necesarias. No hay que tomárselas mal ni sufrir por ello, sino aprender de dichas experiencias. 

Y un aporte personal: tampoco merece la pena aprender de dichas experiencias solo, pero sí con la menor carga de hipocresía posible.

Ser ignorado

Porque hasta que te sientes ignorado por alguien no recapacitas y te das cuenta de que tú también has ignorado a alguien alguna vez.

Este sentimiento es bastante incómodo, porque normalmente no se sabe porqué ha surgido ni de donde viene. Además, suele ser descubierto por una suposición de que alguien te ignora, que se vuelve más evidente cuando -por fin- es innegable.

Y es que todos hemos ignorado y hemos sido ignorados. ¿Las razones? Pueden ir desde la cansinería por alguna de las partes, hasta que hemos humillado o decepcionado a alguien sin darnos cuenta. En mi caso -por el que escribo-, no tengo ni idea de las razones que han llevado a esta persona a ignorarme. O puede que sí, pero me parecen tan absurdas, que ni las tengo en cuenta.

Sinceramente, las personas que ignoran a otra persona B (y lo digo por experiencia en haber intentado ignorar a alguien) sienten un vínculo fuerte con dicha persona. Lo que haya hecho que les haya incomodado, les afecta de tal manera, que no tienen valor para decir “me has decepcionado” o “me duele esto” -y similares-. Y no encuentran mejor opción que la otra persona se sienta con la única opción de recurrir al individuo A  en busca de una explicación.

Cuando esta explicación no existe, es cuando nos sentimos dolidos. Y en ocasiones, puede que sepamos las razones, pero no queremos darnos cuenta. En estos casos, solemos dirigirnos a la persona para preguntar qué es lo que pasa, lo que normalmente no da resultado alguno. De hecho, me atrevería a decir que, dado este paso, todo vuelve a la normalidad en tiempo escaso.

En caso de no dirigirse a la persona en cuestión, puede que se cree un rencor absurdo que derive en que ninguno de los dos se aguante. Y ESTO ES UNA ESTUPIDEZ COMO UN CASTILLO, pero cada cual, lo vea como quiera.

Por otro lado, si se siente la necesidad de recurrir a hablar con dicha persona, es que el individuo A (el que ignora) no tiene la confianza suficiente para contar lo que le molesta realmente. O eso, o está respaldado por personas ajenas que le apoyan (como en los colegios, vamos) y se ve con el poder de no tener que hablar con el individuo B. Ese poder es temporal, así que tened cuidado con esto.

En mi caso personal, mis circunstancias son las segundas, así que, haciendo gala de una cabezonería de campeonato, voy a pagar con la misma moneda, porque no creo que haya razones lo suficientemente buenas como para que se recurra a esto. Y yo sí tengo razones de peso para haberlo hecho, pero no he llegado a mi límite (bueno, creo que ahora sí).

Como punto final, si se decide ignorar a alguien por la razón que sea, el pesar crece y se termina dando explicaciones a esa persona (cuando se tiene o se ha tenido un vínculo afectivo relevante). También lo digo por experiencia. Aunque es complicado: si se habla muy pronto, B no lo suele comprender; si se habla muy tarde, B no suele estar ya interesado en tener relación con A.

En fin, cada cual con sus teorías. Solo aviso ;)