Cuando alguien lo pasa mal

Pese a que queramos que nuestra vida sea fácil y no tengamos problemas de ningún tipo, es una pena saber que tarde o temprano las cosas se van a torcer. Una simple visita al médico lo puede truncar todo y dejarte más tirao que una colilla. Tu vida se puede venir abajo en cualquier momento por tonterías, pero claro, hasta que no pasa, no tenemos conciencia de ello.

Y esto es así. Si te pasa, lo sufres, lo intentas superar y lo guardas para tus adentros como algo de lo que debes aprender, y que lamentablemente, volverá a suceder.

Pero la cosa es: si no te ha sucedido nunca, ¿cómo vas a apoyar a alguien que lo está sufriendo? ¿Cómo vas a saber qué necesita o que no necesita?

La respuesta es que hay gente que, aunque no sepa lo que es, aunque nunca les haya sucedido, ahí están para ayudarte. Un simple “¿cómo te encuentras?” marca la diferencia. No hace falta que sea todos los días, ni todas las semanas, pero un poco de interés por un amigo que lo está pasando mal es suficiente.

A pesar de ello, nos es difícil acordarnos de estas cosas. Y más cuando la persona a la que le ha sucedido lo que sea, vemos que se aleja de nosotros. La primera reacción que tenemos es dejarla ir, puesto que es su propia decisión, pero no sabemos exactamente el porqué de su alejamiento. Seguramente, si hablásemos con ella, nos diría que no se encuentra con ganas de salir. Con esa sencilla frase, ya entenderíamos todo, os lo aseguro.

Hay que ser comprensivos con nuestros amigos, saber que en los momentos duros de la vida tenemos que estar a su lado.

Hay ocasiones en las que se nos olvida por completo este hecho. Deberíamos plantearnos el porqué se nos olvida. Tal vez esa persona que lo está pasando mal no nos da tanta confianza como para preguntarle. O no es tan amigo como pensamos y no queremos serlo. Hay miles de razones. Pero si en algún momento de lucidez os acordáis del hecho en cuestión, por favor, no dudéis en mostrar apoyo.

En mi caso, tras pasar un mal momento bastante gordo, algunas de mis personas más cercanas pasaron olímpicamente de mi. Ni un “como estás” ni un “qué tal”. En su lugar obtuve un “hace mucho que no nos vemos, ya te vale”. Y eso duele, y mucho. Y más cuando saben tu situación.

Ojalá que nadie tuviera que pasar por estos malos tragos, pero no se pueden pedir peras al olmo.

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