Nunca he tenido muchos amigos…

…Y no creo que sea casual. Cuando he estado en un grupo, por norma, me he ido acoplando a dos o tres de ellos, dejando a los demás a su aire. Y si esas dos personas no estaban, he sufrido y me he sentido como quien no tiene hogar.

Ahora, siendo más mayor, veo que en efecto, tengo muy pocos amigos. Y los que tengo, no son lo que se dice muy cercanos, excepto dos o tres. Y esto me hace preguntarme: ¿soy yo o es que la gente viene y va?

En mi caso, creo que me aguanto muy poco. Todo el mundo tiene sus defectos, y yo la primera, pero lo que no entiendo es que alguien se comporte “mal” con otro, diga algo que pueda ofenderle sin ánimo de ayudarle, o quiera retener toda su atención, y que la otra persona esté ahí tan campante aguantando porque “es su amigo”.

Hoy he visto una foto en una red social de unas amigas que tuve hace tiempo. Siguen saliendo juntas, y es genial verlas unidas, de verdad. Pero me pongo a pensar y me acuerdo de cuando unas ponían verdes a las otras, cuando se llamaban tontas o cortitas (todo esto a las espaldas, claro), y ahora, como si nada. En mi caso, como siempre he estado en mi burbuja, aun estando en un grupo, pues me enteraba de todo y decidía pasar. Que el hipócrita lo sea otro, que hoy no tengo ganas. Me habrán puesto más a parir que a ninguna, pero como no me enteraba, pues feliz que era.

Hasta que un día pasó algo que cambió mi vida. Y ahí me di cuenta que no tengo por qué aguantar las cosas “porque sí”, que si algo no me gusta, hasta luego. Y que eso de quedar porque se tiene que quedar, no va conmigo. Si no me apetece ver a ciertas personas, no voy y no pasa nada. Y si me hace ilusión, pues voy. Y quien quiera hablarme, que me hable, y quien no, pues que se aparte, que ya estoy yo para decidir cuando me marcho.

La última vez que me convocaron estas amigas para quedar, hicieron un grupo de mensajería y me incluyeron. Yo estaba desolada por aquel entonces, y me fue muy difícil salir adelante (aun arrastro consecuencias). Dije que no iba a ir, y no creáis que ninguna me preguntó por qué, sólo se limitaron a preguntar quién iba a asistir del resto. Una de ellas habló por mi, intentó explicar el porqué de mi decisión con sus palabras, lo cual me sentó COMO EL CULO. Vamos a ver, que tengo boca, que si no me quiero explicar, no lo hago, y ya está. Pero no, hay que dar explicaciones por todo en esta vida, y estoy bastante harta. Me fui del grupo y hasta hoy.

Para mi todo esto tiene lógica, el quedarme en la barra tomando algo en lugar de socializar tiene sentido. La verdad, si no tengo nada importante que decir, ¿para qué voy a hablar? Prefiero escuchar. Pero la gente no entiende esto.

Y por eso tengo pocos amigos, porque la gente no me entiende, ni yo me hago entender al resto. ¿Por qué? Me parece mucho más divertido ser diferente…

Por cierto, mando un saludo a ese grupo de chicas que aún se reúnen. Y cuando subáis una foto a Internet, vigilad vuestras sonrisas Duchenne. La mía, puedo asegurar, que es real.

Reflexiones infieles

El viernes pasado fui a ver la “nueva” película de Woody Allen, Cafe Society. Me considero bastante fanática de este director, aunque se autoplagie constantemente, representando últimamente historias de amor platónicas o incompletas, tal cual hizo con Annie Hall allá por los años 70 (la cual recomiendo encarecidamente, es maravillosa).

Aunque sus películas traten de lo mismo más o menos, siempre hay puntos en los que te da que pensar. En esta película, me hizo reflexionar en que los amores platónicos se parecen bastante al trabajo “ideal” que quiere tener cada uno: tenemos ilusión por uno en concreto, pero en muchísimas ocasiones, terminamos eligiendo el que nos da más oportunidades. Y luego, siempre estamos pensando e imaginando qué habría sido de nuestra vida si hubiésemos elegido el otro camino. Finalmente, ese sentimiento se nos queda dentro para siempre, no es posible borrarlo, y se irá con nosotros hasta el fin de los días.

En cuanto al tema de la infidelidad, no se cómo explicarlo… Lo plantearé con una pregunta retorcida: Ser fiel a tus verdaderos sentimientos, ¿es ser infiel a tu pareja? Gracias a un amigo (del cual no sé mucho hace bastante), me di cuenta que el cargo de una infidelidad debe llevarla el que la comete, no su pareja, ya que la otra persona no tiene culpa que el “infiel” haya buscado lo que le falta interiormente en otra persona. Y ahí es cuando me acuerdo del “Chatín” de Arturo Fernández, el cual, en una entrevista dijo (aproximadamente) “Lo verdaderamente peligroso es ser infiel de cintura para arriba, no de cintura para abajo”. Esta frase me encantó, pues tiene sus toneladas de verdad. Es mucho peor enamorarse de alguien y vivir una mentira con otra persona, siempre pensando en el amor primero, que darse un capricho y acostarse con alguien (ojo-cuidao, no justifico ninguna de las dos acciones).

Por todo esto, creo que la película de Allen refleja una infidelidad absoluta, desde el punto de vista de “cintura para arriba”, por parte de los dos protagonistas, pero ¿quién no conoce un caso similar? Y si no lo conoces, abre un poco los ojos y ahí te lo encontrarás.