“De lo bueno que eres, pareces tonto”

Y la mayoría de las veces, no es que lo parezcas, es que lo eres.

No se si como yo, te gusta estar con tus amigos, no te importa donde ir o qué hacer con tal de estar a gusto con ellos. Pero el día llega, el día que te apetece algo concreto, estás cansado de hacer siempre lo mismo, o simplemente necesitas un respiro; propones el plan y tus colegas se extrañan, negándose a acompañarte o intentando convencerte que su plan es mejor.

Y, cuanto más se repite, se desencadena un distanciamiento, un malestar con la gente a la que quieres porque te das cuenta que no piensas en tí lo suficiente. ¿O ellos no piensan en ti como tú en ellos? Acostumbras a los demás a que elijan por tí para que, cuando dedicas un poco de tiempo a tu bienestar, nadie te acompañe.

Bien, pues para no parecer un absoluto imbecil frente a estas situaciones, lo más importante es no esperar nada de nadie. Eso he aprendido a base de golpes y decepciones, desgraciadamente. Y lo peor es que al leer esto, se ignora, se piensa “a mi no me pasará esto”. Pero de repente ocurre y te dan ganas de meterte en un agujero en la tierra para que nadie te moleste y no volver a tener amigos.

No se puede estar bien con todo el mundo, eso está claro, pero cada uno tenemos nuestro momento. Respeto se suele hacer llamar en algunas culturas. Y si se nos es arrebatado, nos sentimos humillados y maltrechos.

Sigue teniendo tus amigos, sigue viviendo felices momentos con ellos donde sea y cuando sea, pero si te apetece ir a un lugar, te apetece hacer algo diferente, dilo. No te quedes nunca con las ganas.

No por ser bueno, la gente te va a apreciar más. Comprobado.

Adiós amigo.

¿Cómo se siente cuando alguien recibe una triste noticia un dia en el que el orden del dia es el cachondeo y la alegría? Siempre es triste perder a un amigo de la infancia, sobre todo cuando has tenido tanto contacto y de repente, se marcha a vivir a otra ciudad lejos de donde pasasteis tantos momentos juntos y se pierde el contacto. Porque está muy bien la carta, pero esa costumbre se pierde. Es una verdadera lástima que cada vez las cartas tarden en llegar y que cuando te das cuenta, ya es demasiado tarde para preguntar "cómo estas" porque no vas a recibir respuesta.
Una pérdida siempre deja dentro un vacío, puesto que cada persona a la que apreciamos se lleva un trocito nuestro con ella.
"Siempre te recordaré, A."