“De lo bueno que eres, pareces tonto”

Y la mayoría de las veces, no es que lo parezcas, es que lo eres.

No se si como yo, te gusta estar con tus amigos, no te importa donde ir o qué hacer con tal de estar a gusto con ellos. Pero el día llega, el día que te apetece algo concreto, estás cansado de hacer siempre lo mismo, o simplemente necesitas un respiro; propones el plan y tus colegas se extrañan, negándose a acompañarte o intentando convencerte que su plan es mejor.

Y, cuanto más se repite, se desencadena un distanciamiento, un malestar con la gente a la que quieres porque te das cuenta que no piensas en tí lo suficiente. ¿O ellos no piensan en ti como tú en ellos? Acostumbras a los demás a que elijan por tí para que, cuando dedicas un poco de tiempo a tu bienestar, nadie te acompañe.

Bien, pues para no parecer un absoluto imbecil frente a estas situaciones, lo más importante es no esperar nada de nadie. Eso he aprendido a base de golpes y decepciones, desgraciadamente. Y lo peor es que al leer esto, se ignora, se piensa “a mi no me pasará esto”. Pero de repente ocurre y te dan ganas de meterte en un agujero en la tierra para que nadie te moleste y no volver a tener amigos.

No se puede estar bien con todo el mundo, eso está claro, pero cada uno tenemos nuestro momento. Respeto se suele hacer llamar en algunas culturas. Y si se nos es arrebatado, nos sentimos humillados y maltrechos.

Sigue teniendo tus amigos, sigue viviendo felices momentos con ellos donde sea y cuando sea, pero si te apetece ir a un lugar, te apetece hacer algo diferente, dilo. No te quedes nunca con las ganas.

No por ser bueno, la gente te va a apreciar más. Comprobado.

Las 3 preguntas

El joven discípulo de un Maestro sabio lo visita y le dice:
– Maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con maldad.
– ¡Espera! -lo interrumpe el Maestro- ¿Ya hiciste pasar por las tres preguntas lo que vas a contarme?
– ¿Las tres preguntas?
– Si. La primera es la VERDAD. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
– No. Lo oí comentar a unos vecinos.
– Al menos lo habrás hecho pasar por le segunda pregunta, que es la BONDAD. ¿Es bueno para alguien lo que me vas a decir?
– No. en realidad no. Al contrario…
– La última pregunta es la NECESIDAD ¿Es necesario hacerme saber lo que tanto te inquieta?
– A decir verdad, no.
– Entonces, dijo el sabio sonriendo, si no es VERDADERO, ni BUENO, ni NECESARIO, sepultémoslo en el olvido