Cuando te enfades, reflexiona

Hoy me siento mal, la verdad. A primera hora me he llevado una bronca injustificada en el trabajo y me ha sentado a cuerno quemado. Y si lo junto a que ayer tuve un día de perros, pues tenemos el pack completo.

Después de aguantarme para no soltar mi rabia en mi puesto de trabajo, y de tener el nudo en la garganta (que he ahogado a base de un par de cafés), he empezado a reflexionar.

  • ¿Sabes? No debes mirar esto como un ataque a tu autoestima. Tú no has tenido la culpa (esta vez). Míralo como una oportunidad para sentirte fuerte, aguantar las críticas y hablar con tu jefe sobre lo que ha pasado.

Es difícil, pero el poder hablar con uno mismo está bastante bien. Últimamente tengo más conversaciones conmigo, y, a pesar de parecer que estoy pirada, ayuda mucho. Creo que no me conozco lo suficiente, lo cual suena bastante triste…

Pues eso, en definitiva, cualquier situación, buena o mala, da para reflexionar sobre algo, sea lo que sea. Y, a veces, hacer esto hasta alegra un poquito el día.

Y entonces, “El Video de Benny” me hizo reflexionar (otra vez)

ImagenHe estado echando un ojillo a mi blog, este que escribo cada -de media- 6 meses. Y suerte que hay una aplicación para el movil y puedo escribir más a menudo, pero el problema de ello es que no tengo inspiración. Pero de repente viene, sin avisar, se cuela en mi cabeza y me repite una cosa una y otra vez hasta que me decido a escribir por ella.

Es lo que sentí cuando ví “El Video de Benny”, una película muy dura en el sentido psicológico, que me hizo reflexionar muy profundamente sobre temas heterogeneos, como la frialdad, la protección, la hipocresía… Quien haya visto la película lo entenderá perfectamente. Aún recuerdo que, cuando acabó, levantarme del sofá fue un tremendo logro, porque estuve unos 10 o 20 minutos reflexionando sobre lo que acababa de ver.

Y tengo que decir que me transmitió mucha impotencia. Ver como la gente se comporta de manera tan poco cuerda frente a situaciones tan graves. Y lo peor es que lo vemos diariamente, como personas que “siempre saludaban” se convierten de un día a otro en autenticos hijos de Satán, por no decirlo con otras palabras.

Estamos tan acostumbrados a la hipocresía, la violencia y a vivir de un modo rápido que no nos sentimos “saciados” con los pequeños regalos del día a día. Somos seres incompletos, insaciables y crueles que estamos dispuestos a cometer una atrocidad con tal de quedarnos con la experiencia -y parece que no importa si eso nos amarga la vida-.

Y es que me ha llamado mucho la atención un comentario sobre la gente que fue a ver esta película al cine, allá por el año 1992. Era algo así como “La gente salía descontenta del cine, se sentía como si hubiese tirado su dinero a la basura”. Y precisamente, esto no es una pérdida de dinero, si no todo lo contrario, es una cita con el psicólogo muy barata, pero volvemos a lo mismo: estamos tan acostumbrados a la violencia y el maltrato que ¿qué más da uno más? Nos acostumbramos a lo macabro, sucede un desastre y lo olvidamos a las horas… Y por fin, un director nos trae una película que te devuelve ese miedo a la realidad y piensas que “estás tirando el dinero”. Por favor…

La recomiendo. Y no por el contenido, si no por lo de después. Es una sensación magnífica el darte cuenta de cosas que no eres capaz de ver a simple vista. Es terrible el hecho de tomar tantas cosas a la ligera. Es increible la frialdad de las personas al pensar sólo en ellos mismos y no ver un ápice de humanidad en los que les rodean y les dan un voto de confianza.

Esas personas, las que no ven más allá de sus narices y que no quieren ver, son las que un día te preguntarán “¿Por qué lo hiciste?” y tú responderás “No lo se, sólo quería saber qué se sentía”.