Cuando te acosan y te callas por vergüenza

He sido educada en una familia recta, pero no muy estricta, y he acatado las normas como la que más. Soy bastante introvertida, por lo que no suelo relacionarme fácilmente con gente con la que no comparto nada de primeras. Tampoco me considero especialmente atractiva, tengo sobrepeso y no me suelo arreglar.

Dejo esto claro porque parece que quienes hemos sufrido algún tipo de acoso, es que lo hemos buscado. Y no, no siempre es así. De hecho, la gran mayoría de las veces NO ES ASÍ.

Esto pasó hace ya tiempo, unos 9 años o así. Yo estaba saliendo con mi antigua pareja, y habíamos quedado en el centro. Como siempre que voy a ese lugar, me doy un paseo hasta la parada del autobús que me lleva al lugar en cuestión. Es un camino de unos 15 minutos, que puedo hacer en autobús, pero me gusta caminarlo, con lo poco que camino últimamente…

Total, que iba caminando por la acera de una avenida donde no se puede parar, donde hay multitud de casas. Era de día. Iba tranquilamente con mi discman (recuerdo que llevaba el disco “Lover of life, singer of songs” de Freddie Mercury). A todo esto, se me para un coche rojo, con un chaval normal, que rondaría los 28 años, en chándal, con poco pelo, barba de 2 días, pero NORMAL. Se para a mi lado y me pregunta por una calle. Yo me quito los cascos y le contesto “no la conozco, lo siento”. Y continúo mi camino. El susodicho se quedó parado en la avenida (recuerdo que no se puede parar, es un lugar que, o vas a entrar en un chalet, o mejor no pares porque los coches van deprisa y solo hay dos carriles en cada sentido divididos por una mediana). Y a los segundos, se acerca a mi de nuevo, siempre dentro del coche.

– Perdona, ¿tienes papel?

– No, no fumo.

Ya me había tocado la moral. El contacto humano me es complicado, y vamos, que te siga un coche por una avenida, pues mira, no es que sea del agrado de todo el mundo, no se.

Di un rodeo. La parada donde tenía que sentarme (y exponerme al tipo aquel) estaba unos metros más adelante, pero decidí dar un rodeo por una calle prohibida. Hice mal, pues tendría que haberme dado la vuelta para poder perderle de vista, pero no, seguí dando la vuelta a la manzana pensando que no aparecería, cuando… Allí estaba, de frente. No se como había hecho para dar la vuelta, pero ahí estaba.

– ¿Dónde vas? ¿Te llevo?

Esta vez ni me quité los cascos, seguí caminando. Quería llegar a la parada de una vez y que llegase el autobús.

Cuando llegué a la calle contigua a la parada, una calle pequeña, el tipo se me volvió a parar al lado.

– Oye, ¿cómo te llamas? ¿Dónde vas?

Sólo me quité los auriculares una vez más para decirle que me dejase en paz. Y me dispuse a cruzar la calle.

Y aquí me asusté ya bastante.

El tipo no me dejaba cruzar la calle. Se cruzó con el coche cuando yo iba a cruzar, cortándome el paso. No quise ni mirarle a la cara. Intenté cruzar por la parte trasera del coche, y tampoco me dejó. Le hice una especie de quiebro y finalmente pude cruzar por delante (con el consiguiente riesgo de que me atropellase o me diese un golpe con el coche, porque estaba claro que él estaba jugando a ver quien podía más). Cuando logré cruzar, él metió un acelerón y se marchó.

Bajé corriendo las escaleras hacia la parada, suplicando por que hubiese alguien allí y para que viniera rápido el autobús. No había nadie, pero al menos ya estaba allí. Me tranquilicé y respiré tranquila. Hasta que volvió a aparecer, paró el coche en la parada del autobús (una raqueta de estas metidas en la carretera), se bajó y vino hacia mí.

– ¿Cómo te llamas?

– No te importa.

– ¿Dónde vas? ¿Te llevo?

– No, gracias.

– ¿Estás enfadada? Venga, sube, que te llevo donde sea.

– He quedado con mi novio.

– Vale, te llevo allí entonces.

Os juro que no sabía qué hacer ni donde meterme. Ese tipo se me acercaba y, en ese momento pensé que me iba a obligar a meterme en el coche a punta de navaja o algo. E INSISTO: era un chico normal, que lo ves por la calle y no te da ninguna sensación, de verdad. Bueno, daba más el pego de estos chulitos de discoteca, pero vamos, que no me gusta etiquetar a nadie y este chico no era excepción.

En ese momento, un señor de mediana edad apareció en escena, y me preguntó “Hola, ¿qué tal? ¿todo bien?”. Yo le miré, asustada. Me tuvo que ver el temor en los ojos. Y le dije “Si, todo bien”. “Los huevos” pensaría él. Y se quedó a mi lado.

El ACOSADOR (porque ya no es el chico normal, me había acongojado cuando salió del coche) se metió en el coche y se fue. Yo ya no me quedé tranquila, estaba temblando. Pensé que aparecería y seguiría al autobús, vete a saber… Entonces, el señor me empezó a hablar.

– Estaba en la acera de enfrente, y he visto que algo pasaba. El chico no tenía buenas intenciones, ¿verdad?

– Muchas gracias por acercarse. Me seguía desde hace un rato y…

– Ya, lo he visto. El autobús ha tardado mucho. Y… ¿dónde vas?

Sonrió.

En ese momento, me asusté todavía más. Quiero pensar que el señor estaba intentando tener una conversación amena conmigo y quería sacar tema, pero yo estaba asustada porque un tipo me había estado siguiendo preguntándome que dónde iba. Me asusté del señor este, que estaba a mi lado, muy cerca, mirándome, sonriendo, no sabía ya qué hacer…

Y en ese momento llegó el autobús.

Cuando subí, dándole las gracias al señor “de lejos” y casi corriendo, me entraron unas ganas de llorar terribles. Pude sentarme tras el conductor, y así que nadie me pudiera ver. No lloré, pero por más que analizaba la situación, no encontraba el motivo que le había dado a aquel acosador para que me siguiera. Yo no pedí que me siguiera, no le seguí el rollo. Mi único “delito” fue caminar sola por una calle poco transitada. Es que era DE DÍA, no le dije nada, no le contesté mal… Y el otro señor, no lo se, mi mente lo recuerda como una amenaza. Yo estaba asustada.

Mensaje para el señor: Si estas no eran sus intenciones, disculpe por salir corriendo, caballero. 

Al llegar al lugar donde había quedado con mi novio, le conté lo que me había pasado. Su reacción fue reírse y decirme que fue una tontería, que ya estaba ahí con él.

Mensaje para él: Gracias por tu “comprensión”. Gracias por decirme que miento o que eso no es razón para asustarse, porque es lo que interpreté. Yo seguí asustada. Tú pasaste del tema. Poco después vi que es que te importaba más bien poco. No, si ya…

Esta es mi historia. Algunos podréis interpretar que fue una tontería, otros que fue una ida de olla del chico. Otros, que yo exageré. Me da igual, yo lo viví, y para mi fue un acoso en toda regla. Lo que no entiendo es: ¿se pensaría el chico que, con su Ford Scort Rojo y preguntándome por calles o papel, me iba a rendir a sus encantos de Paquirrín y me iba a montar con él en su coche? ¿De verdad me vio tan estúpida para meterme en el coche de un total extraño simplemente porque me sigue y porque voy al autobús? ¿QUÉ DEMONIOS PENSABA ESTE CHICO QUE IBA A PASAR?

Por favor, necesito saber qué pasa por la cabeza de estas personas, que si piensan que nos sentimos halagadas porque un coche nos siga en una calle poco transitada, pues no conocen a la raza humana, sencillamente eso.

Nunca conté esto a mis padres, porque su solución habría sido prohibirme salir, o al menos, ir andando a esa parada. Nunca lo conté a mis amigos porque me habrían tachado de exagerada, como quien quiere quedar por encima, ya que hasta los coches la siguen por la calle…, no se lo habrían tomado en serio.

Ahora es una anécdota más. Y cuando la cuento, a veces puedo ver la cara de incertidumbre de mi oyente, pues no sabe si sentir intriga, miedo, angustia… Y eso no cambia. Nadie lo tacha de tontería, y eso me hace sentirme un poco más comprendida.

 

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Nunca he tenido muchos amigos…

…Y no creo que sea casual. Cuando he estado en un grupo, por norma, me he ido acoplando a dos o tres de ellos, dejando a los demás a su aire. Y si esas dos personas no estaban, he sufrido y me he sentido como quien no tiene hogar.

Ahora, siendo más mayor, veo que en efecto, tengo muy pocos amigos. Y los que tengo, no son lo que se dice muy cercanos, excepto dos o tres. Y esto me hace preguntarme: ¿soy yo o es que la gente viene y va?

En mi caso, creo que me aguanto muy poco. Todo el mundo tiene sus defectos, y yo la primera, pero lo que no entiendo es que alguien se comporte “mal” con otro, diga algo que pueda ofenderle sin ánimo de ayudarle, o quiera retener toda su atención, y que la otra persona esté ahí tan campante aguantando porque “es su amigo”.

Hoy he visto una foto en una red social de unas amigas que tuve hace tiempo. Siguen saliendo juntas, y es genial verlas unidas, de verdad. Pero me pongo a pensar y me acuerdo de cuando unas ponían verdes a las otras, cuando se llamaban tontas o cortitas (todo esto a las espaldas, claro), y ahora, como si nada. En mi caso, como siempre he estado en mi burbuja, aun estando en un grupo, pues me enteraba de todo y decidía pasar. Que el hipócrita lo sea otro, que hoy no tengo ganas. Me habrán puesto más a parir que a ninguna, pero como no me enteraba, pues feliz que era.

Hasta que un día pasó algo que cambió mi vida. Y ahí me di cuenta que no tengo por qué aguantar las cosas “porque sí”, que si algo no me gusta, hasta luego. Y que eso de quedar porque se tiene que quedar, no va conmigo. Si no me apetece ver a ciertas personas, no voy y no pasa nada. Y si me hace ilusión, pues voy. Y quien quiera hablarme, que me hable, y quien no, pues que se aparte, que ya estoy yo para decidir cuando me marcho.

La última vez que me convocaron estas amigas para quedar, hicieron un grupo de mensajería y me incluyeron. Yo estaba desolada por aquel entonces, y me fue muy difícil salir adelante (aun arrastro consecuencias). Dije que no iba a ir, y no creáis que ninguna me preguntó por qué, sólo se limitaron a preguntar quién iba a asistir del resto. Una de ellas habló por mi, intentó explicar el porqué de mi decisión con sus palabras, lo cual me sentó COMO EL CULO. Vamos a ver, que tengo boca, que si no me quiero explicar, no lo hago, y ya está. Pero no, hay que dar explicaciones por todo en esta vida, y estoy bastante harta. Me fui del grupo y hasta hoy.

Para mi todo esto tiene lógica, el quedarme en la barra tomando algo en lugar de socializar tiene sentido. La verdad, si no tengo nada importante que decir, ¿para qué voy a hablar? Prefiero escuchar. Pero la gente no entiende esto.

Y por eso tengo pocos amigos, porque la gente no me entiende, ni yo me hago entender al resto. ¿Por qué? Me parece mucho más divertido ser diferente…

Por cierto, mando un saludo a ese grupo de chicas que aún se reúnen. Y cuando subáis una foto a Internet, vigilad vuestras sonrisas Duchenne. La mía, puedo asegurar, que es real.