Buenas

Hola.

Si has llegado a este blog es que te has equivocado. Si no es el caso, bienvenido🙂

En el caso que quieras ver algo de lo que se cuece por aquí, adelante. En la fila de arriba tienes las categorías en las que he escrito, una nube de tags y hasta un espacio para buscar a ver si tengo lo que necesitas.

Espero que al menos, te entretenga un poco.

Confusión musical interior…

¿No os ha ocurrido que tenéis unos gustos concretos y, de repente, irrumpe algo en vuestra vida que os los descoloca?

Para mi, la música es algo esencial, que me ha acompañado toda mi vida, y me ha ayudado a superar, disfrutar, y recordar muchos momentos. Pero ahora tengo un dilema interno bastante curioso.

Dicen que cuando te vas haciendo mayor, tus gustos van cambiando, ves cosas donde antes no veías nada, y reaccionas ante situaciones de diferente manera. Musicalmente, mis gustos de juventud ya no son lo que eran, y en parte, es por las situaciones que me han hecho vivir, la gente a la que me han hecho conocer… Y ahora, que experimento y busco nuevas aspiraciones, me siento culpable por dejar esos ideales a un lado. Pero, por otra parte, veo como otras personas lo enfocan, y me alegro de dejarlo aparte.

Creo que siempre hay un momento para pasar página, y hay que dejar que las cosas vayan donde tengan que ir. Pero da tanta pena…

Anyway the wind blows… Come on you painter, you piper, you prisoner, and shine

Ofensas… que no lo pretenden.

A menudo nos ofendemos por ciertas cosas que no pretenden ser una ofensa, pero ¿cómo saberlo? Bien, pues poniéndose en el lado contrario.

Y diréis “menuda patraña, está claro”. Ya… Pero mucha gente es incapaz de analizar y ver lo que ha visto como algo ofensivo del lado contrario.

En absoluto estoy diciendo que el síndrome de Estocolmo sea la norma a seguir, pero de vez en cuando es conveniente, sobre todo, en situaciones del día a día.

Y es que a menudo ofendemos sin darnos cuenta. A mi me pasa constantemente, y es porque pienso que los demás entienden qué es lo que he querido decir, o espero que me entiendan.

Como me comentan, las expectativas que nos creamos sobre lo que los demás van -o puede que vayan a- hacer nos crea un esquema mental que se desmorona cuando su respuesta no es la esperada. Y esto pasa por las dos partes, tanto del que hace como el que recibe.

Por esto, para próximas veces, es mejor no pensar las cosas en caliente, y ver si hay razones de ofensa. Y, sobre todo, no tener expectativas de la reacción de nadie. Así nos irá mucho mejor en las relaciones, palabrita.