Buenas

Hola.

Si has llegado a este blog es que te has equivocado. Si no es el caso, bienvenido🙂

En el caso que quieras ver algo de lo que se cuece por aquí, adelante. En la fila de arriba tienes las categorías en las que he escrito, una nube de tags y hasta un espacio para buscar a ver si tengo lo que necesitas.

Espero que al menos, te entretenga un poco.

Ofensas… que no lo pretenden.

A menudo nos ofendemos por ciertas cosas que no pretenden ser una ofensa, pero ¿cómo saberlo? Bien, pues poniéndose en el lado contrario.

Y diréis “menuda patraña, está claro”. Ya… Pero mucha gente es incapaz de analizar y ver lo que ha visto como algo ofensivo del lado contrario.

En absoluto estoy diciendo que el síndrome de Estocolmo sea la norma a seguir, pero de vez en cuando es conveniente, sobre todo, en situaciones del día a día.

Y es que a menudo ofendemos sin darnos cuenta. A mi me pasa constantemente, y es porque pienso que los demás entienden qué es lo que he querido decir, o espero que me entiendan.

Como me comentan, las expectativas que nos creamos sobre lo que los demás van -o puede que vayan a- hacer nos crea un esquema mental que se desmorona cuando su respuesta no es la esperada. Y esto pasa por las dos partes, tanto del que hace como el que recibe.

Por esto, para próximas veces, es mejor no pensar las cosas en caliente, y ver si hay razones de ofensa. Y, sobre todo, no tener expectativas de la reacción de nadie. Así nos irá mucho mejor en las relaciones, palabrita.

Nunca he tenido muchos amigos…

…Y no creo que sea casual. Cuando he estado en un grupo, por norma, me he ido acoplando a dos o tres de ellos, dejando a los demás a su aire. Y si esas dos personas no estaban, he sufrido y me he sentido como quien no tiene hogar.

Ahora, siendo más mayor, veo que en efecto, tengo muy pocos amigos. Y los que tengo, no son lo que se dice muy cercanos, excepto dos o tres. Y esto me hace preguntarme: ¿soy yo o es que la gente viene y va?

En mi caso, creo que me aguanto muy poco. Todo el mundo tiene sus defectos, y yo la primera, pero lo que no entiendo es que alguien se comporte “mal” con otro, diga algo que pueda ofenderle sin ánimo de ayudarle, o quiera retener toda su atención, y que la otra persona esté ahí tan campante aguantando porque “es su amigo”.

Hoy he visto una foto en una red social de unas amigas que tuve hace tiempo. Siguen saliendo juntas, y es genial verlas unidas, de verdad. Pero me pongo a pensar y me acuerdo de cuando unas ponían verdes a las otras, cuando se llamaban tontas o cortitas (todo esto a las espaldas, claro), y ahora, como si nada. En mi caso, como siempre he estado en mi burbuja, aun estando en un grupo, pues me enteraba de todo y decidía pasar. Que el hipócrita lo sea otro, que hoy no tengo ganas. Me habrán puesto más a parir que a ninguna, pero como no me enteraba, pues feliz que era.

Hasta que un día pasó algo que cambió mi vida. Y ahí me di cuenta que no tengo por qué aguantar las cosas “porque sí”, que si algo no me gusta, hasta luego. Y que eso de quedar porque se tiene que quedar, no va conmigo. Si no me apetece ver a ciertas personas, no voy y no pasa nada. Y si me hace ilusión, pues voy. Y quien quiera hablarme, que me hable, y quien no, pues que se aparte, que ya estoy yo para decidir cuando me marcho.

La última vez que me convocaron estas amigas para quedar, hicieron un grupo de mensajería y me incluyeron. Yo estaba desolada por aquel entonces, y me fue muy difícil salir adelante (aun arrastro consecuencias). Dije que no iba a ir, y no creáis que ninguna me preguntó por qué, sólo se limitaron a preguntar quién iba a asistir del resto. Una de ellas habló por mi, intentó explicar el porqué de mi decisión con sus palabras, lo cual me sentó COMO EL CULO. Vamos a ver, que tengo boca, que si no me quiero explicar, no lo hago, y ya está. Pero no, hay que dar explicaciones por todo en esta vida, y estoy bastante harta. Me fui del grupo y hasta hoy.

Para mi todo esto tiene lógica, el quedarme en la barra tomando algo en lugar de socializar tiene sentido. La verdad, si no tengo nada importante que decir, ¿para qué voy a hablar? Prefiero escuchar. Pero la gente no entiende esto.

Y por eso tengo pocos amigos, porque la gente no me entiende, ni yo me hago entender al resto. ¿Por qué? Me parece mucho más divertido ser diferente…

Por cierto, mando un saludo a ese grupo de chicas que aún se reúnen. Y cuando subáis una foto a Internet, vigilad vuestras sonrisas Duchenne. La mía, puedo asegurar, que es real.