Reflexiones infieles

El viernes pasado fui a ver la “nueva” película de Woody Allen, Cafe Society. Me considero bastante fanática de este director, aunque se autoplagie constantemente, representando últimamente historias de amor platónicas o incompletas, tal cual hizo con Annie Hall allá por los años 70 (la cual recomiendo encarecidamente, es maravillosa).

Aunque sus películas traten de lo mismo más o menos, siempre hay puntos en los que te da que pensar. En esta película, me hizo reflexionar en que los amores platónicos se parecen bastante al trabajo “ideal” que quiere tener cada uno: tenemos ilusión por uno en concreto, pero en muchísimas ocasiones, terminamos eligiendo el que nos da más oportunidades. Y luego, siempre estamos pensando e imaginando qué habría sido de nuestra vida si hubiésemos elegido el otro camino. Finalmente, ese sentimiento se nos queda dentro para siempre, no es posible borrarlo, y se irá con nosotros hasta el fin de los días.

En cuanto al tema de la infidelidad, no se cómo explicarlo… Lo plantearé con una pregunta retorcida: Ser fiel a tus verdaderos sentimientos, ¿es ser infiel a tu pareja? Gracias a un amigo (del cual no sé mucho hace bastante), me di cuenta que el cargo de una infidelidad debe llevarla el que la comete, no su pareja, ya que la otra persona no tiene culpa que el “infiel” haya buscado lo que le falta interiormente en otra persona. Y ahí es cuando me acuerdo del “Chatín” de Arturo Fernández, el cual, en una entrevista dijo (aproximadamente) “Lo verdaderamente peligroso es ser infiel de cintura para arriba, no de cintura para abajo”. Esta frase me encantó, pues tiene sus toneladas de verdad. Es mucho peor enamorarse de alguien y vivir una mentira con otra persona, siempre pensando en el amor primero, que darse un capricho y acostarse con alguien (ojo-cuidao, no justifico ninguna de las dos acciones).

Por todo esto, creo que la película de Allen refleja una infidelidad absoluta, desde el punto de vista de “cintura para arriba”, por parte de los dos protagonistas, pero ¿quién no conoce un caso similar? Y si no lo conoces, abre un poco los ojos y ahí te lo encontrarás.

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Tom Hanks se vuelve a quedar estancado

Ayer tuve la suerte de ver la película “Esperando al Rey”, protagonizada por Tom Hanks. En esta película, Tom Hanks interpreta a un comercial que lleva a Arabia Saudí una tecnología de comunicación basada en hologramas, y su intención es presentársela al Rey.

Y ya. No hay más argumento, no le secuestran, ni hay acción, ni nada. Pero aún así, gusta. ¿Por qué? Desde mi punto de vista, trata dos aspectos muy claros:

  • Las cosas vienen como vienen. Sin saber cómo, la vida te puede cambiar radicalmente.
  • No juzgues hasta que no veas las cosas por ti mismo. Esta me quedó bien clara con la “métafora” del lobo y las ovejas: porque sea un lobo, no significa que siempre vaya a matar a las ovejas.

A mi me ha parecido, en cierta manera, un modo de exponer que tiene que haber de todo en todas partes. Que hay riqueza, pero también hay pobreza. Que también se vive con miedo por asuntos que tienen que ver con la cultura. Que todos aparentan ser felices, pero hay mucho tras ello.

Básicamente, que es una película para reflexionar. No es especialmente remarcable, pero oye, que tiene su aquel.

Y el pobre Tom, que me lo dejen de meter en todos los embolaos, que ya se perdió en una isla, le secuestraron los piratas africanos, y ahora, le tienen de un lado para otro en Arabia Saudí con una cabeza de enano en la espalda. Pobrecito.